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Astronómicamente, el Sol se encuentra en el centro, o corazón, del sistema solar. Sin el Sol no existirían ni la luz ni la vida y, de hecho, tampoco el sistema solar. En la carta natal, el Sol representa nuestro centro de gravedad y nuestro centro de conciencia. Cuando brilla el Sol, todo en el mundo está en orden. ¿Alguien vivió la experiencia del eclipse solar de 1999 en Plymouth?
Auditorio:
Sí, y fue algo muy extraño. Era un día gris y nublado, y cuando se fue poniendo gradualmente más oscuro yo pensé 'Ya está' y entonces, de repente, se hizo de noche. La luz no se fue apagando poco a poco, como en una puesta de sol, sino que fue repentino, la luz simplemente desapareció. Fue escalofriante. Pero creo que el hecho más significativo se produjo cuando el Sol reapareció después de algunos minutos -mi corazón dio un salto, y me sentí realmente bien de estar allí.
Clare:
Es muy interesante, porque mencionaste el salto en tu corazón, y el Sol rige el corazón.
Auditorio:
Sí, sin duda alguna, fue mi corazón.
Clare:
También hay un componente espiritual en lo que dijiste. El Sol es algo que damos por sentado, y recién cuando se oculta nos damos cuenta de que todo depende de él. Con el regreso del Sol, todo tiene un sentido y un propósito, y todo vuelve a estar bien otra vez. La maravillosa luz regresa. Tengo entendido que durante un eclipse solar todo sobre la tierra deja de crecer y, literalmente, comienza a morir, incluso nosotros, por lo tanto es una suerte que duren sólo alrededor de cuatro minutos o algo así.
Auditorio:
Todo estaba en silencio. Los pájaros dejaron de cantar.
Clare:
Astrológicamente, el Sol se define como el principio masculino, confiable, predecible, directo y centrado, la fuente de nuestra vitalidad y nuestra identidad espiritual. Cada día el Sol sale por el este, devolviendo la luz y la confianza y la claridad y la fuerza vital a la tierra. Al mismo tiempo, el calor y la sequedad de este principio solar puede quemar y abrasar y puede ser extremadamente peligroso, hasta tal punto que ni siquiera podemos mirar directamente al Sol con el ojo desnudo. El Sol define aquello que ya somos
en esencia
, pero que reunirlo e integrarlo nos exigirá un esfuerzo consciente durante todo el trayecto de nuestra vida.
En el texto de Salomon Trismosin sobre alquimia,
Splendor solis
(1582), el Sol Cósmico purificado, que nace desde la oscuridad, se encuentra con la Tierra al final del trabajo alquímico: "aquello que es arriba se une a aquello que es abajo", simbolizando así, a nivel psicológico, la integración de toda la personalidad.
Altanería, arrogancia, orgullo y narcisismo, por ejemplo, son algunos ejemplos de la distorsión del principio solar, arquetipo de nobleza, honor, integridad y autoridad personal. A medida que trabajamos para desarrollar el principio solar, que finalmente es nuestra conexión consciente al Espíritu, aprendemos que la expresión total del Sol incluye la integración de la sombra. Por lo tanto, el logro de nuestra identidad singular, o 'individualidad' solar supone que nos hemos vuelto 'in-divisos', que hemos reconocido e integrado tanto los aspectos luminosos como los oscuros de nuestra naturaleza solar. Naturalmente, es algo muy difícil de hacer y constituye el trabajo de una vida.
Hay dos mitos griegos que son particularmente apropiados para describir los peligros de dominar el poder del Sol siendo muy joven. Es un acto de
húbris o hybris
, una identificación con los dioses, y que siempre recibe castigo. Uno de ellos es el mito de Phaeton, hijo del dios-Sol Helios, que indujo a su padre a permitirle conducir la carroza del Sol a través de los cielos por un día. Los caballos, al sentir las riendas sujetas por una mano inexperta, se desbocaron perdiendo el rumbo y llegaron cerca de la tierra amenazando con abrasarla. Zeus percibió el peligro y destruyó a Phaeton. El otro mito es el de Ícaro, hijo de Dédalo, que fabricó unas alas con plumas y cera y que, abrumado por la emoción de volar y haciendo oídos sordos a las advertencias de su padre, voló demasiado cerca del Sol, con lo cual la cera de sus alas se derritió y él cayó en el océano.
Auditorio:
Pero si el Sol es el núcleo de nuestra identidad ¿cómo es que puede llevarnos toda la vida encontrarlo?
Clare:
Es un pregunta interesante, si pensamos que la astrología de signos solares es tan popular, tan ampliamente usada y reconocida. Desde un punto de vista psicológico, la interpretación del Sol en la carta natal es mucho más compleja, en parte porque tiene muy diversos niveles de significado y expresión. Creo que la respuesta a tu pregunta es que nuestra relación con el Sol de nuestra carta cambia a lo largo de la vida. Por ejemplo, no es extraño que haya personas a quienes abiertamente les desagrade su propio signo solar. Es un buen indicio de que una relación más positiva puede y debe ser forjada, ya que la expresión positiva del Sol en una carta implica una verdadera conexión consigo mismo y un profundo nivel de autoaceptación. Puesto que el Sol también define nuestra conciencia espiritual, resulta un símbolo astrológico realmente asombroso y poderoso que es, por lejos, demasiado grande para que podamos aprehenderlo cuando somos jóvenes. Por consiguiente, tiende a ser proyectado en, o arrastrado por, el padre u otras figuras paternas o masculinas durante la primera mitad de nuestra vida, hasta que hemos construído un ego lo suficientemente fuerte y maduro como para expresar por nosotros mismos la completa majestuosidad del principio solar.
Auditorio:
¿O sea que es esencialmente inconsciente?
Clare:
Exactamente, porque no plenamente conscientes al nacer.
Auditorio:
El darse cuenta del Sol conscientemente puede llevar toda la vida, pero con seguridad todos vamos sobrellevando las características de nuestro signo solar ¿no es cierto? De otro modo, no reconoceríamos las descripciones de los signos solares tan fácilmente. Por ejemplo, los niños parecen ser ejemplos muy puros de sus signos solares, si bien he notado que tienden a perder esto a medida que crecen. Van perdiendo esa vitalidad instintiva a medida que aprenden a lidiar con el mundo exterior.
Clare:
Sí, a medida que son socializados dejan de ser espontáneamente ellos mismos. A medida que crecemos se nos enseña a no ser egoístas, a compartir nuestros juguetes, a poner a los demás en primer lugar. Una vez que dejamos de ser un bebé, se nos dice que no somos un único y especial individuo en el mundo, sino simplemente uno en un grupo del cual habremos de ser parte. Y así, nos adaptamos y adecuamos a las expectativas de los demás. Comenzamos la travesía que nos aleja de nuestro núcleo central espiritual y nos lleva hacia una plena participación con el mundo, una travesía que, con un poco de suerte, nos trae finalmente de regreso hasta nosotros mismos, pero esta vez conscientemente y de una manera madura e integrada. Es un largo camino hacia el Sol.
Mi visión particular es que, al socializarnos y desarrollar una identidad propia a fin de lograr una actuación efectiva en el mundo, a menudo adoptamos las características del signo opuesto al Sol. En otras palabras, con frecuencia lo que expresamos está en el polo opuesto de lo que realmente somos. Vale la pena que reflexionen acerca de esto cuando veamos el significado de los signos, pero desde mi propia experiencia a menudo la gente se comporta como si su Sol se hallara en el signo opuesto. Esta parece ser una etapa natural del proceso de desarrollo. Al final, nuestra plena identidad consciente parece implicar la integración de nuestros opuestos internos, las faces tanto luminosa como oscura de nuestra naturaleza solar. En mi trabajo con mis clientes, suele ser de gran ayuda enfocarnos en la integración del signo opuesto al Sol y en el desarrollo de los planetas que tradicionalmente se encuentran en exilio y caída en el signo solar. Esto me ayuda a ver al principio solar en un contexto más amplio, como el centro plenamente integrado y maduro de la identidad e indivisibilidad de un individuo. Veremos esto más en profundidad cuando exploremos cómo se expresa el Sol en cada signo.
Auditorio:
¿Cuándo nos volvemos conscientes?
Clare:
Bueno, por supuesto no existen garantías. No obstante, podemos pensar en esto en términos del concepto junguiano de individuación. Jung creía que nuestras vidas se dividen naturalmente en dos mitades, la primera de las cuales consiste en el desarrollo del yo, que es nuestro sentido consciente de identidad, forjado con nuestras respuestas al entorno en el que hemos nacido. Aprendemos a desenvolvernos de manera efectiva en el mundo, nos volvemos seres solcializados, desarrollamos destrezas personales y establecemos relaciones. Durante esta etapa, varias partes de nuestra psique siguen siendo desconocidas o están sin utilizar, mientras nos adaptamos y nos amoldamos a las expectativas del mundo externo. El proceso de individuación, que comenzaría alrededor de los treinta y siete años, implica la integración consciente de aquellos aspectos de nuestra psique que hasta entonces habían quedado sin desarrollar y cuya existencia ignorábamos.
Auditorio:
¿De modo que a los treinta y siete se daría el cambio de rumbo? Jung sufrió una crisis mental a esa edad ¿verdad? Tras la cual realizó gran parte de lo más importante de su obra.
Clare:
Sí, no hay duda de que ese fue el momento decisivo en su vida. También podemos mirar ese momento desde el punto de vista astrológico. No es raro que al llegar a los treinta creamos que tenemos todo resuelto, pero existen algunos tránsitos extremadamente poderosos que se producen hacia el final de los treinta y principio de los cuarenta que nos ponen frente a desafíos completamente nuevos para nosotros, y el vivirlos supone con frecuencia un cambio de vida.
Auditorio:
Mi padre tenía treinta siete años cuando se enteró de quién era su verdadero padre.
Clare:
Este es un ejemplo bien concreto de lo que estábamos diciendo, pues el Sol es un símbolo de nuestra identidad, y cuando tu padre descubrió su identidad biológica, imagino que fue algo que le brindó un sentido de sí mismo completamente nuevo.
Auditorio:
Sí, sin duda, tuvo un cambio casi radical y le dio una nueva dirección a su vida a partir de ese momento.
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