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La secuencia inicial
de "El Gladiador", con su violencia, crueldad y la exhibición
del poder de una despiadada máquina de guerra, puede resultar
chocante y ofensiva, por no decir políticamente incorrecta,
para cualquier astrólogo cuyo objetivo principal sea el
desarrollo espiritual y psicológico. Películas tales
como "Más allá de los sueños" pueden
resultar más aconsejables. Cualquiera se preguntará, ¿Dónde
queda la espiritualidad (sin incluir el sentimiento humano de compasión)
de un comandante romano cuyo fin es la total destrucción
de una tribu recalcitrante?

La imagen del general romano Maximus,
interpretada por el genial Russell Crowe, es en sí misma
la esencia de Marte. Russell Crowe, por supuesto,
tiene el Sol en Aries. |
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La película, cuyos vistosos decorados, quedan
empañados por un guión bastante simple y la típica
tendencia de Hollywood a no preocuparse en exceso por el desarrollo
de la historia, es sin embargo un retrato destacado de un tipo
especial de fervor espiritual - la pasión del dios de la
guerra, cuya divina embriaguez llevó a las invencibles tribus
del Norte a la guerra y catapultó a una pequeña tribu
de nativos italianos a la supremacía de todo el Mundo conocido
hasta el momento. Como astrólogos que somos, deberíamos
tratar de comprender la perdurable atracción del dios de
la guerra teniendo en cuenta que, en una época en que la
guerra muestra su más terrorífica cara Plutoniana
y la pérdida de la nobleza y el honor que una vez formaron
parte del conjunto de atributos de Marte, hemos perdido la comprensión
de por qué a algunas personas les gusta luchar.
La mitología puede enseñarnos mucho
acerca de la naturaleza divina de las hazañas y el honor
en la lucha. "The Norse Valhalla" y Los Campos Elíseos
de los griegos son sólo dos ejemplos que dan fe de las recompensas
después de la muerte para aquellos que viven y mueren de
una forma honorable por la espada. Iconos como Napoleón
y Alejandro Magno siguen ejerciendo una poderosa atracción
sobre aquéllos que buscan un modelo humano para una pauta
arquetípica que una vez fue la esencia de Marte. La película "El
Gladiador", puede enseñarnos bastante sobre dicho dios,
y a pesar de sus efectos hollywoodenses y su exagerada emotividad,
también puede ayudarnos a entender por qué aquellos
cuya carta natal tiene un Marte prominente, necesitan manifestar
de qué están hechos, y encontrar una manera constructiva
de expresarlo, en lugar de sentirse que son malos, poco espirituales
o poco evolucionados.
La imagen del general romano Maximus, interpretada por el genial
Russell Crowe, es en sí misma la esencia de Marte. Es muy
varonil y hermoso. Su cuerpo es una expresión de la energía
y el instinto propio de una deidad, no de los altos dioses de El
Olimpo, sino del obscuro ámbito terrenal. Propio de un Marte
dominante y fuerte, no se aflige al tener que expresar su crueldad
de una manera abierta y gratuita, contrariamente a la forma en
que lo haría un Marte bloqueado o afligido por fuerzas opuestas.
El general vive para servir a su imperio y a su Dios, y su honor
vale más que su vida. Es apasionado, devoto, intrépido,
honesto y leal. También es realista, no se detiene a pensar
sobre los méritos de la espiritualidad superior cuando se
encuentra frente a la cruda necesidad de ganar o morir. En un tiempo
en que nos encontramos virtualmente amordazados por la idealización
colectiva surgida de Neptuno en Acuario, Maximus resulta ser gratificantemente
realista. Incluso el principio de venganza "Ojo por ojo y
diente por diente" que forma parte de la naturaleza marciana
y no de la naturaleza cristiana y moderna, es reflejado en su sentido
de nobleza. Sin duda, esto forma parte de la enorme popularidad
de la película, nos enfrenta a emociones secretas que tenemos
miedo de expresar. Maximus no es tan estúpido como para
pensar que la guerra no es otra cosa que una brutal necesidad,
pero elige luchar con disciplina, claridad, nobleza y destreza.
Este es el lado obscuro de Marte con su Escorpiana devoción
y propia disciplina, reflejada por el "Geburah Sephira" en
otro gran sistema simbólico, la Kábala. También
en él, Marte es reconocido como un principio divino, y no
una manifestación aleatoria de destrucción y caos.
El interés de la película por el "lado femenino",
como eufemísticamente se dice en Hollywood es simbólico.
La mujer de Maximus, española de nacimiento, y Lucilla,
la princesa romana por quién él se siente profundamente
atraído, son ambos estereotipos. Es una película
basada en la masculinidad, lo cual no quiere decir que no pueda
ser disfrutada y apreciada por las mujeres. Las relaciones entre
Maximus y Commodus, el cobarde, neurótico y profundamente
dañado joven Emperador, son bastante importantes, e insinúan
(quizás de un modo inadvertido aunque subjetivo), un profundo
asunto humano que refleja las distorsiones de Marte. Commodus,
al fin y al cabo, es en la película (aunque no en la historia),
un hijo rechazado. Mientras que el guión no está sobrecargado
desde un punto de vista psicológico, sin embargo, la imagen
anterior es bastante común en la vida diaria – el
joven que es una decepción para su padre, y que en lugar
de satisfacer los impulsos de su propia naturaleza, se adapta de
una manera obsesiva a aquellas cualidades que su padre más
valora. Commodus odia a Maximus porque Maximus refleja las cualidades
que el viejo Emperador, Marco Aurelio, hubiera deseado en un hijo.
Commodus no es un guerrero, y él lo sabe; es sensible e
indolente en lugar de bravo, indulgente en lugar de disciplinado.
De este modo, empieza a odiar. Le remuerden los celos, y esto
lo vuelve destructivo. Podemos observar esta dinámica en
muchas familias, entre padre e hijo, y también entre madre
e hija. Cuando Marte no es expresado de una manera constructiva,
con honor y respeto, puede volverse venenoso y emerge como cobarde
crueldad y malicia dirigida a menospreciar a aquellos que desencadenan
el sentimiento de impotencia del individuo. Muchos casos de abusos
a menores y de violencia domestica son debidos a dicho patrón
de conducta. En un sentido simple, la relación entre estas
dos figuras masculinas en la película, nos muestra una imagen
de cómo la envidia destructiva surge y de cómo puede
convertirse fácilmente en algo peor. La película
no pretende ser ni profundamente filosófica ni de adentrarse
en el carácter humano – después de todo es
un espectáculo de Hollywood – sin embargo, puede hacernos
reflexionar sobre la naturaleza del mal, las raíces de la
violencia y la innegable magia y el misterio de un resplandeciente
Marte que refleja la divinidad del guerrero arquetípico.
En cualquier caso, podría haberse prescindido de la segunda
mitad de la película, dado que el argumento pierde su sentido
y el guión se vuelve cada vez más triste y simplista.
La película no es una obra de arte. Ni siquiera es una obra
maestra la grabación de la escena de la gran batalla entre
la armada romana - con Maximus a la cabeza - y las tribus germánicas
que rechazan admitir que han sido conquistadas. Al final de la
película, cuando Commodus es finalmente asesinado por Maximus
en la arena y el Senado implora que la República Romana
sea restaurada, aquéllos de nosotros que conocemos la historia,
nos echamos a reír. Los romanos del siglo II DC no estaban
ni remotamente interesados en la restauración de la república
y el enlace anacrónico de esa imagen con el concepto moderno
de democracia es totalmente absurdo. Commodus fue de hecho asesinado
por un esclavo llamado Narcisus, y más que suponer el amanecer
de una nueva república, el asesinato del emperador, simplemente
se tradujo en la elección de un nuevo emperador. La industria
americana cinematográfica, con el apoyo de Mel Gibson, parece
inclinada a convertir eventos históricos en proselitismo
emocional. Pero la representación de Gladiator es convincente,
y la recreación del mundo romano - Marte embuido en gloria
- es vívida y realista. Hay muchos tipos de batallas y de
heroísmo; y si somos lo bastante afortunados de vivir en
una cultura que, recientemente, comienza a darse cuenta de la mala
idea que es precipitarse ciegamente en una batalla, podemos ejercer
la auténtica espiritualidad de Marte encaminada hacia la
lucha con nuestros propios demonios internos y también con
los demonios que se desatan a nuestro alrededor, y conseguir mantener
el coraje y la lealtad que nos son innatos, para vivir nuestra
vida con honor. El aficionado al fútbol o el gamberro, el
mercenario inconsciente y el dictador corrupto, son ejemplos deformados
de un Marte que no exhibe su total belleza y potencial. En lugar
de menos energía marciana, necesitamos más. La deidad
sin Marte es igual a una deidad castrada que nos priva de nuestra
capacidad para mantener nuestra integridad; corremos el riesgo
de comvertirnos en personas tan horribles como Commodus, en pensamiento
y en sentimientos, incluso en nuestras acciones. Gladiator, aunque
indudablemente resulta ser una película violenta para el
gusto de muchos espectadores, muy simple para los intelectuales
y quizás espectacularmente brutal para la refinada sensibilidad
de muchas almas espirituales, puede hacernos reflexionar sobre
los aspectos fundamentales de la vida que generalmente damos por
sentado. Cada planeta tiene su propia forma de espiritualidad y
también su propia forma de favorecer o destruir. La próxima
vez que interpretemos a Marte en una carta natal, haríamos
bien en recordar a Maximus.
Traducción al español:
Jose Antonio Martín Martín
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